El Papa a los Institutos Seculares: llevar el cielo entre la gente de hoy

Radio Vaticana


“El ala avanzada de la Iglesia en la nueva evangelización”. Es lo que el Papa pide al estar en el mundo a los miembros de los Institutos Seculares, que ayer concluyeron en Roma la asamblea de la Conferencia Mundial. Francisco, en un mensaje, firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, ha invitado a cada instituto a una “síntesis renovada” entre el aspecto laical y aquel de la consagración de esta particular llamada. Unas palabras de Alessandro De Carolis:

“Hacer unidad entre consagración y secularidad, entre acción y contemplación”. No ha cambiado el compromiso espiritual de fondo de los laicos consagrados. “Estáis -escribía Pablo VI- en una misteriosa confluencia entre las dos poderosas corrientes de la vida cristiana”, la secular y la dedicada a Dios en la profesión de los consejos evangélicos.

Consagración y secularidad, mismo plano

El Papa Francisco recuerda la luminosidad de estas palabras, pero va más allá, porque ser miembro de instituto secular en el mundo de hoy pide, afirma en su mensaje, una “síntesis renovada” entre estos dos aspectos. Un punto de encuentro, explica, que ayuda a la secularidad y a la consagración a estar “juntas” sin “nunca” separarse, sin -sostiene- el vivir “en manera formalista” ciertos compromisos sin fruto. Y ni siquiera a “subordinar un elemento al otro”. “No se es -dice Francisco- primero laicos y después consagrados, como tampoco primero consagrados y después laicos, se es al mismo tiempo laicos y consagrados”. Y de esto, añade, “deriva también otra consecuencia importantísima: se necesita un discernimiento continuo, que permita lograr el equilibrio; una actitud que ayude a encontrar a Dios en todas las cosas”.

“Unir” el cielo a la tierra

Para conseguirlo, necesitamos un cuidada formación que aclare como, aunque no “se requiera” a los laicos de los institutos seculares la vida comunitaria, sin embargo “es esencial -indica el Papa- la comunión con los hermanos”. Por otra parte, continua, “la secularidad se desarrolla con amplitud de miras, teniendo grandes horizontes” y esto lleva a aceptar de una lado “la complejidad, la fragmentariedad y la precariedad de nuestro tiempo” y por otra parte a ser creativos en “imaginar nuevas soluciones, inventar respuestas inéditas y más adecuadas a las nuevas situaciones que se presentan”, “viviendo -afirma Francisco- una espiritualidad capaz de conjugar los criterios que vengan “de lo alto”, de la gracia de Dios, y los criterios que vengan “de abajo”, de la historia humana, leída e interpretada.

Vida normal y divina como María

El Papa exhorta a los institutos seculares a una intensa “vida de oración”, a “ser un hogar ardiente” para los hombres y mujeres que buscan una luz y, por el hecho de estar inmersos en el mundo, “testimonios de los valores de la fraternidad y de la amistad”. Así, concluye, “el reto más grande, también para los institutos seculares, es aquel de ser escuelas de santidad”, con los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, a testimoniar que se puede ser libres y humildes y al servicio de los otros. “¿Cómo es la humanidad que tenéis ante vosotros? Personas que han perdido la fe o que viven como si Dios no existiese, jóvenes sin valores ni ideales, familias deshechas, parados, ancianos solos, inmigrantes…“. Cuantos “rostros os cruzáis por el camino, yendo al trabajo o a hacer la compra!“. Vuestro modelo, termina Francisco, sea siempre María, que “llevaba una vida completamente normal, similar a la de tantos otros, y de este modo colaboraba a la obra de Dios.

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