Los Institutos Seculares y la CMIS

Conferencia Mundial de Institutos Seculares

La CMIS (Conferencia Mundial de Institutos Seculares) fue fundada en 1972 y recibió la aprobación de la Santa Sede en 1974. La CMIS tiene la finalidad de organizar la colaboración entre los Institutos Seculares, de modo que éstos “sean más eficazmente en el mundo un fermento para consolidar y desarrollar el Cuerpo de Cristo” que es la Iglesia (Perfectae Caritatis, 11). Con ello, la CMIS ayuda a cada Instituto a realizar mejor su propio fin.

Concretamente, la CMIS:

  1. Favorece los contactos, los intercambios de experiencias y una fraternal ayuda entre los diversos institutos. Mantiene una continua relación con otras agrupaciones, entre las cuales figuran las Conferencias nacionales y territoriales de Institutos Seculares, siempre en un espíritu de servicio.

2. Promueve el estudio y la investigación que buscan profundizar más en la misión actual de los Institutos Seculares, teniendo como base los documentos de la Santa Sede y del Concilio Vaticano II, además de tener en cuenta la experiencia vivida por parte de los mismos institutos.

3. Expresa las necesidades, los intereses y las opiniones de los Institutos Seculares a la Santa Sede. (Del art. 1 de los Estatutos)

"La CMIS es un lugar de encuentro, de intercambio y de búsqueda al servicio de los Institutos Seculares" (Del art. 2 de los Estatutos)

Estatutos de la CMIS

Los Institutos seculares fueron constituidos el 2 de febrero de 1947, por el Papa Pío XII, que promulgó la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia, complementada con varios textos, entre los cuales el motu proprio Primo feliciter (1948), el decreto del Concilio Vaticano II Perfectae caritatis (número 11) en 1965, y la Exhortación Apostólica Vita consecrata (sobre todo el número 10) en 1996.

En 1983, el Código de Derecho Canónico recordó las disposiciones comunes a todos los Institutos de vida consagrada y reconoció las disposiciones específicas de los Institutos Seculares:

“Un Instituto Secular es un Instituto de vida consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él” (canon 710).

“Por su consagración, un miembro de un Instituto Secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el pueblo de Dios, observando las prescripciones del Derecho relativas a los Institutos de vida consagrada” (canon 711).

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

Prot. N. I.s. 6461/12

DECRETO

El carisma de la vida consagrada, inserido en el cuadro de la historia trinitaria de la salvación como una realización de la misma y su proclamación viviente, compromete a cada consagrado a desarrollar una espiritualidad de comunión que se traduzca en estilos de vida que generan misión. En tal contexto se coloca la Conferencia Mundial de los Institutos Seculares CMIS cual realidad llamada a promover un recíproco intercambio entre los Institutos y una colaboración eclesial según la especificidad de la consagración secular.

La experiencia de casi cuarenta años de la erección canónica de la CMIS, ha confirmado la importancia de tal organismo de comunión entre los institutos seculares de todo el mundo. Este tiempo además ha servido a precisar ulteriormente la naturaleza de la CMIS en la cual la multiplicidad de los carismas ofrece una específica contribución para que la Iglesia realice siempre más profundamente su naturaleza de sacramento de la íntima unión con Dios de todo el género humano (Lumen Gentium 1).

En el intento de especificar ulteriormente el propio servicio y los diversos ámbitos de colaboración entre institutos, en relación con las otras formas de vida consagrada y en diálogo fecundo con los Pastores, después de un trabajo de preparación que ha implicado a todos los institutos, la Asamblea de los responsables generales ha aprobado los nuevos Estatutos de la Conferencia de los cuales pide ahora la ratificación.

La Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica después de haber atentamente examinado la documentación presentada, después de haber recibido noticia que el Santo Padre, en fecha 30 de octubre de 2012, ha benignamente concedido a la CMIS la personalidad jurídica civil en el Estado de la Ciudad del Vaticano

APRUEBA

el nuevo texto de los Estatutos de la CMIS con la modificación del art 4, según el ejemplar conservado en su Archivo reconociéndolo conforme a las normas de Derecho Canónico. No obstante cualquier disposición en contrario.

Dado en Vaticano, el 4 de diciembre de 2012

Card. João Braz de Aviz, Prefecto
P. Sebastiano Paciolla, O. Cist. Subsecretario

PARTE PRIMERA

Art. 1. La Conferencia Mundial de los Institutos Seculares (CMIS) es un organismo de comunión que tiene como finalidad favorecer la colaboración entre los Institutos seculares, de modo que sus miembros sean, según las palabras del Concilio Vaticano II, “más eficazmente en el mundo, ‘fermento para robustecer e incrementar el Cuerpo de Cristo’ “(Perfectae caritatis, 11).

Ayuda así a que cada Instituto realice mejor su fin propio.

La CMIS tiene, entre otras finalidades:

  • a) favorecer los contactos, los intercambios de experiencias y la ayuda fraterna entre los Institutos. Mantener relaciones regulares con las demás agrupaciones, como las Conferencias nacionales y territoriales en un espíritu de servicio;
  • b) apoyar las experiencias en las que la vida secular consagrada está en germen, acompañar las iniciativas de creación de Conferencias nacionales y territoriales;
  • c) dialogar con la Santa Sede los progresos de la vida consagrada en el mundo;
  • d) promover estudios e investigaciones para profundizar la naturaleza y misión actual de los Institutos seculares, tomando como base los documentos del Magisterio de la Iglesia y teniendo en cuenta las experiencias vividas por los mismos Institutos;
  • e) manifestar a la Santa Sede las necesidades, los intereses y las opiniones de los Institutos.Cada Instituto conserva el derecho de dirigirse directamente a la Santa Sede.

Art. 2. La CMIS actúa en total comunión con la Sede Apostólica.

En consecuencia:

  • Es un lugar de encuentro, intercambio y búsqueda al servicio de los Institutos en un espíritu de sano pluralismo y en el marco de los estatutos de la CMIS.
  • Su estructura y su funcionamiento respetan la autonomía de los Institutos Seculares para determinar sus formas de vida y de apostolado, según su carisma original y la normas de la Iglesia.

Art. 3. Miembros

Los Institutos Seculares aprobados por la Iglesia, de derecho diocesano o pontificio, representados por sus Responsables generales, son miembros de derecho de la CMIS.

Tal derecho puede ser ejercido, de hecho, solamente después de la aceptación explícita de los Estatutos de la CMIS. según las modalidades establecidas por el Consejo ejecutivo.

Art. 4. Sede social

La Conferencia Mundial de los Institutos Seculares CMIS a la cual el Santo Padre, en fecha 30 de octubre de 2012, ha benévolamente concedido la personalidad jurídica civil vaticana, tiene su sede social en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Qué son los Institutos Seculares

“Un Instituto Secular es un Instituto de Vida Consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él.” (Código Derecho Canónico c. 710).

Los institutos seculares son una realidad todavía joven en la historia de la Iglesia. Surgen en la primera mitad del siglo XIX y son aprobados por el Papa Pío XII en 1947 mediante la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia, y las ulteriores precisiones del Motu Proprio Primo Feliciter de 1948.

Hasta entonces, todas las personas que deseaban consagrarse a Dios tenían que abandonar el mundo y entrar en Religión, bien en una Orden Religiosa, bien en una Congregación. Desde que aparecen los institutos seculares, los laicos que se sienten llamados a través del camino de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, pueden consagrarse así a Dios, sin perder su condición de laico en la Iglesia, santificándose en el mundo y santificando el mundo desde dentro.

Los institutos seculares, pues, aúnan secularidad y consagración: En efecto, el miembro de un instituto secular es plenamente laico y plenamente consagrado, uniendo en sí dos realidades que hasta entonces eran incompatibles. Está plenamente consagrado a Dios como el religioso y es plenamente laico como todos los demás cristianos no clérigos ni religiosos. Nada pierde su consagración por el hecho de vivirse en medio del mundo, en las más variadas profesiones y ambientes sociales. Nada pierde de su carácter secular – de su ser laico – por el hecho de estar consagrado a Dios. El miembro de un instituto secular no es un religioso. Es un laico (médico, maestro, abogado, mecánico...), un laico consagrado a Dios siguiendo el camino de los consejos evangélicos. Vive en el mundo, dentro de las condiciones ordinarias de la vida familiar, laboral y social, las cuales tejen su existencia.

De este modo, los institutos seculares compaginan estas dos realidades que antes se consideraban incompatibles: la secularidad (que sus miembros siguen siendo laicos o seglares) y la consagración total a Dios de la propia vida. De ahí que no sea fácil entender este don que el Espíritu Santo ha hecho a su Iglesia: la secularidad consagrada.

Así es. Desde Pío XII en adelante, todos los papas han subrayado que los institutos seculares son obra del Espíritu Santo, que constantemente renueva su Iglesia para responder a las necesidades evangelizadoras del momento actual de la historia y del mundo. Los institutos seculares se sitúan en el surco del camino conciliar la Iglesia, redescubriendo el valor de la creación y de la llamada original dirigida a cada persona en su misión de cuidar del mundo y transformarlo según la voluntad de Dios (cfr. Gen. 2,15).

“Es urgente conocer y dar a conocer esta vocación tan actual y tan urgente de personas que se consagren a Dios practicando los consejos evangélicos, y con tal consagración especial, se esfuerzan por impregnar toda su vida y todas sus actividades, creando en sí mismas una total disponibilidad a la voluntad del Padre y trabajando por cambiar el mundo desde dentro” dijo el Beato Juan Pablo II (3/5/83).

Hoy en día la mayor parte de los campos de actividad humana que rigen el mundo y determinan para toda la humanidad modelos de comportamiento se hallan en manos de los seglares, de los laicos. Si en cada uno de esos ambientes existen personas consagradas a Dios, que aman al Señor como amor único y exclusivo de su vida y, a la vez, son plenamente competentes en el ejercicio de su profesión – la cual la viven como un modo de ordenar todas las realidades humanas según Dios – entonces ciertamente el mundo será renovado en Cristo “como desde dentro, a modo de fermento” (Lumen Gentium 31). Gracias a esta síntesis vital entre consagración y secularidad, el miembro de un instituto secular aúna en su vida la pasión por Dios y la pasión por la humanidad. Se da totalmente a Dios y también al mundo, de modo que en el mundo se pueda percibir la sal del Evangelio, el perfume de Cristo.

La doctrina de la Iglesia también prevé que los sacerdotes puedan asociarse en institutos seculares. Aunque por el sacramento del Orden se convierten en pastores del Pueblo de Dios, dedicando su vida al ministerio de la Palabra y de los Sacramentos, no por ello pierden su relación intrínseca con el mundo, y ello les posibilita participar del carisma de los institutos seculares, ofreciendo además esta experiencia de consagración en el mundo a través de los consejos evangélicos al presbiterio en el que se insertan.

Como son múltiples las circunstancias y las necesidades del mundo, también encontramos muy variadas formas de institutos seculares. Los hay sólo femeninos, la mayoría. Otros, son sólo de hombres laicos, o incluyendo además sacerdotes. Y, finalmente, también hay institutos seculares que aúnan las tres ramas: femenina, masculina laical y sacerdotal.

En cuanto a la forma de vida, muchos de los miembros de los institutos seculares viven con sus familias o solos. Otros, puede que formen pequeños grupos de vida común. Algunos institutos seculares tienen obras propias de apostolado, mientras que otros las rechazan por norma. En definitiva, existe dentro de estos institutos un sano y rico pluralismo que la Iglesia siempre ha mantenido y defendido.

El carisma de los institutos seculares expresa muy claramente algunas de las líneas fundamentales subrayadas por el Concilio Vaticano II: la vocación universal a la santidad, la presencia en el mundo para santificarlo desde dentro, etc. “Si permanecen fieles a su misión, los institutos seculares serán en estos tiempos tan difíciles, el laboratorio experimental en el cual la Iglesia verifica cuáles han de ser sus relaciones con el mundo.” (Pablo VI, 25 marzo 1976).

Consejo Ejecutivo

Durante la Asamblea General en Roma en el mes de agosto pasado, se eligió el nuevo Consejo Ejecutivo y, dentro del mismo, la nueva Presidencia de la CMIS. La Presidencia se compone de tres miembros procedentes de Polonia, Italia y Brasil: Jolanta Szpilarewicz (Presidenta), Elba Catalina Fleita y Margherita Palazzi. Los otros seis miembros del Consejo Ejecutivo provienen de Canadá, España, Francia e India.

Encuentro de la Presidencia de la CMIS con el cardenal Prefecto y los responsables de la Congregación.
(21.09.2016)

  • “Un Instituto Secular es un Instituto de Vida Consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él.” (Código Derecho Canónico c. 710).
  • Los institutos seculares, pues, aúnan secularidad y consagración: En efecto, el miembro de un instituto secular es plenamente laico y plenamente consagrado, uniendo en sí dos realidades que hasta entonces eran incompatibles.
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